Espíritu católico: Niños fronterizos y una ética de vida coherente

(por Jason Adkins)
Agosto 13, 2014

La crisis humanitaria en la frontera con México se ha convertido en un tema importante en el discurso público. Ha generado un acalorado debate político que a veces ha oscurecido la cara humana del problema y las necesidades reales de los menores no acompañados.

Las cuestiones de la política migratoria a largo plazo deben abordarse, pero por ahora, las necesidades urgentes de muchos jóvenes de Centroamérica que huyen a este país deben ser satisfechas. ¿Cómo responderemos??

Crisis de refugiados

Los niños fronterizos que se dirigen a los Estados Unidos son principalmente de Honduras, Guatemala y El Salvador, y están huyendo de países que en muchos casos se asemejan a estados fallidos. En esos países, una ruptura de la autoridad pública y la corrupción alimentada por drogas ha llevado al aumento del poder de las bandas callejeras violentas que imponen un reinado de terror a su alrededor y libran lo que son esencialmente pequeñas guerras civiles para el control del territorio.

A veces, la elección para muchas personas es huir o morir en las calles.

Un julio 9 historia en el periódico London Guardian contó la historia de “Karla.” Karla llegó a la frontera de Texas con sus dos hijos muy pequeños, su madre, y tres hermanos menores de edad 15. La familia había tardado un mes en hacer el viaje de 1.500 millas desde su casa en el norte de Honduras, viajando en autobús a través de Guatemala y México. Habían vendido todo lo que tenían para pagar una red de contrabandistas que sobornaron el camino a través de los puestos de control a lo largo de la ruta.

The Guardian informó: Karla se dirigió al norte en parte porque había oído que los Estados Unidos había comenzado a permitir que los niños entrar legalmente. Esto es lo que decían los contrabandistas, y la familia conocía a otros que habían logrado a salvo a través de la frontera.

“Pero el motivo principal del viaje fue el miedo: Karla quería superar el alcance de su padre y sus contactos en las pandillas callejeras que han convertido a Honduras en el país con la tasa de homicidios más alta del mundo.”

Nuestra respuesta

En un poderoso testimonio ante el Congreso en junio 25, Obispo Marcos Seitz de El Paso, hablando en nombre de los EE.UU.. obispos, rostro humano de los niños fronterizos y la necesidad de una respuesta adecuada en cada uno de sus casos.

El obispo Seitz testificó que un “nuevo paradigma con respecto a los niños no acompañados está sobre nosotros, a saber,, it is clear that unaccompanied children are facing new and increased dangers and insecurity and are fleeing in response. Como un resultado, this phenomenon requires a regional and holistic solution rooted in humanitarian and child welfare principles.

Bishop Seitz reminded Congress of Pope John Paul II’s exhortation that the dignity and rights of migrants and their families must be respected “incluso en casos de inmigración no legal.”

A consistent ethic of life

A common response to our bishopsplea to protect these unaccompanied minors is that the United Statescannot affordto take everyone in who wishes to come here. A veces, the people making these arguments, including some Catholics, consider themselvespro-life.

But what if we looked at this issue not as a partisanimmigration/border controlissue but as alifeissue? Many of us pro-lifers view the loss of one child to abortion as a major tragedy, and rightly so.

We lament that mothers often do not know that there is some support for her, or that there are others who would take the baby, and a tragedy could be avoided. Most pro-lifers would contend that our country and our communities can, de hecho, afford these unborn children.

Sin embargo, at our border there are tens of thousands of children looking to be saved from poverty and, en muchos casos, violence and death. The border children are children of God just like those unborn babies, and their lives are no less valuable or less worth saving.

Can we really notaffordto review their cases and offer them help, if possible?

The question is not whether we can afford to address this crisis, for we can. The question is whether we as a nation are going to meet this humanitarian test and better prioritize our public spending to safeguard the dignity and life of every human person. Meeting this test would show our commitment to a consistent ethic of life and the interconnected of issues across the life span, from womb to tomb.

According to Bishop Thomas Paprocki of Springfield, Ill., “the denial of respect or even the diminishment of respect for any one aspect of life [adversely leads] to a denial or diminishment of respect for life in other aspects of life due to the fact that they are all related.

Living aconsistent ethic of lifedoes not mean every issue is of equal importance. Cardinal Joseph Bernardin, who pioneered the term, stated: “I know that some people on the left, if I may use that label, have used the consistent ethic to give the impression that the abortion issue is not all that important anymore, that you should just be against abortion in a general way, but there are more important issues, so don’t hold anybody’s feet to the fire just on abortion. That’s a misuse of the consistent ethic, and I deplore it.

Protecting the right to lifeis the foundation of the houseas the U.S. bishops state in their document “Vivir el Evangelio de la vida” (1998). But being pro-life cannot stop with working to end abortion.

The border children cannot afford having Catholics sit on the sideline of this humanitarian crisis. A renewed emphasis on the dignity of the human person should help us overcome our own ideological blind spots and fashion more humane responses to all of the various social challenges of our day.

Adkins es el director ejecutivo de la Conferencia Católica de Minnesota.