Pioneer Press: Obispo Andrew Cozzens – Reforma migratoria: una prueba de derechos humanos que brinda la oportunidad de renovarse

(por el obispo Andrew H. Cozzens)
Julio 23, 2014

Los obispos católicos romanos de Minnesota y de todo Estados Unidos han estado preocupados por la política de inmigración de la nación. Es inconsistente, Ineficaz, y no promueve el bien común. La actual crisis humanitaria de niños no acompañados que huyen de la violencia a la frontera entre Estados Unidos y México es un recordatorio profundamente preocupante de lo grave que se ha vuelto la situación.

Necesitamos un sistema de inmigración que respete los derechos del debido proceso de los inmigrantes, crea oportunidades para los trabajadores invitados, asegura las fronteras de nuestra nación, y pone a millones de indocumentados en el camino hacia la ciudadanía.

Cada día en nuestras parroquias, programas de servicio social, hospitales, y las escuelas, somos testigos de las consecuencias humanas de nuestro sistema de inmigración roto. Las familias son separadas, trabajadores son explotados, y seres humanos a morir en el desierto.

En abril 1 de este año, Obispos católicos de todo el país se reunieron en la frontera entre Estados Unidos y México para una misa en Nogales, Arizona para recordar las almas de los más de 6,000 personas que han muerto en el desierto desde 1998 mientras busca entrar en América.

Esperaban estar libres de la pobreza desesperada y la violencia despiadada, y reunirse con sus familias, al igual que los niños no acompañados, algunos tan jóvenes como 5 años de edad, que están llegando a nuestra puerta desesperada por la comida en sus vientres y un lugar seguro para dormir.

Estos 6,000 que han muerto y la oleada de niños pequeños que buscan seguridad son recordatorios dolorosos de las consecuencias humanas de un sistema de inmigración roto — un sistema que deporta 1,100 personas por día, total de casi 2 millones desde 2008. El costo de estas deportaciones se extiende casi $5 mil millones por año.

Claramente, los costos humanos y financieros de este sistema roto son asombrosos y requieren acción ahora — no el próximo año.

Según algunas opiniones, la ventana de oportunidad tiene todo menos cerrado. Sin embargo, somos gente de esperanza, y debe seguir animando a nuestros representantes del Congreso a mostrar liderazgo y hacer avanzar a nuestro país hacia una solución razonable y justa.

El Senado de los Estados Unidos ya ha actuado, aprobar un proyecto de ley de reforma que, mientras imperfecto, ofrece a los indocumentados la oportunidad de obtener la ciudadanía. Creemos que esta legislación defiende la dignidad de los muchos inmigrantes que actualmente viven en las sombras proporcionándoles una hoja de ruta para la ciudadanía e invitándolos a la plena participación en nuestras comunidades. También sirve al bien común de todos reconociendo el valor económico y social que los inmigrantes aportan a nuestra sociedad.

Contrariamente a los críticos, reforma migratoria integral no es y no se asemeja “Amnistía.” En el paquete de reformas ya aprobado por el Senado, ciudadanos aspirantes deben seguir un riguroso, 13-proceso de año que, sólo una vez completado con éxito, les permitirá tener la oportunidad de obtener la ciudadanía.

El proceso incluye, entre otras cosas, pagar impuestos atrasos y múltiples conjuntos de multas, demostrar buen carácter moral y mantenerse al alcance del crimen, así como aprender inglés y demostrar el conocimiento del civismo americano.

Del mismo modo, la promoción de la reforma migratoria no constituye la “fronteras abiertas.” Los Estados Unidos. Conferencia de Obispos Católicos apoya las disposiciones de aplicación en cualquier paquete legislativo final, en particular un sistema de verificación de empleadores viable. La Iglesia no se opone a las mejoras fronterizas, que debería ir acompañado de un aumento de visados para trabajadores poco cualificados, para que puedan entrar de forma segura y legal.

Como mi hermano obispo, José Gómez, arzobispo de Los Angeles, en su libro, “Inmigración y la próxima América,” la historia de Estados Unidos es la historia de la inmigración. La cuestión de la reforma migratoria representa una importante prueba de derechos humanos: si estamos comprometidos con los ideales que guiaron nuestra fundación como nación — la soberanía de Dios, que todos los hombres y mujeres son creados a imagen y semejanza de Dios y poseen derechos inalinables, y que es el deber fundamental del gobierno asegurar esos derechos.

O, caeremos en el deseo, que ha oscurecido gran parte de la historia de nuestra nación, para definir quién es un estadounidense a lo largo de la estrecha raza, étnico, y motivos religiosos.

Si podemos cumplir con esa prueba y aprobar la reforma migratoria, será una gran oportunidad para la renovación en este país al sacar a millones de personas de las sombras y afirmar que esta nación sigue comprometida con sus ideales más nobles.

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